“Gracias a Dios que para amarlo no se necesita más que corazón"             

(M. Teresa de la Asunción)



La historia de Madre Teresa es una vida sencilla, ella quiso ser ”en el jardín de su divino Esposo, la violeta de la humildad”. Teresa de la Asunción, nace en Baeza (Jaén) el 22 de Enero de 1850. Su temprana vocación nace en el seno de una familia religiosa pero a quienes no resultará fácil consentir con la obra que el Señor quería realizar en la pequeña Teresa.




Ante todo ella busca incansablemente realizar la voluntad de Dios en su vida. Esto le llevará a entrar a los 15 años como Clarisa en el Convento de San Antonio (Baeza). “Me sedujiste Señor, y me dejé seducir; me agarraste y me pudiste” (Jr.20,7) Si algo descubrimos en su vida es la vivencia de una fascinación. Un proceso que le hace crecer en libertad, porque descubre que el origen y quien realiza esta obra es Dios mismo. El radicalmente gratuito. Su respuesta se traduce en una alianza, es decir una relación esponsal con Cristo en fidelidad. Teresa es una mujer que conoce su debilidad pero tiene la confianza plena de una hija. “Para todo, absolutamente todo, estamos dispuestas” dirá. A los 17 años profesará solemnemente y con gran alegría como hija de San Francisco y Santa Clara en este mismo convento.

Seducida por el Hijo, se muestra apasionada por María, la Madre, la perfecta discípula, modelo y maestra. Este amor tan hondo a la Virgen, queda patente en el hecho de que María la va conduciendo a una relación cada vez más profunda con su Hijo, y a un servicio cada vez mayor a sus hermanos. Por eso no comprende como en su monasterio no hay vida común. Esto le desagradaba profundamente y oraba con frecuencia:” Concédeme Señor el consuelo de morir observando una perfecta vida común, pues más vale obrar poco y pequeño en la vida común, que mucho y grande en la vida particular”.

Con estas inspiraciones el Espíritu iba suscitando en el corazón de Teresa el deseo de fundar una congregación donde poder vivir con intensidad este camino de configuración con Cristo.

El Padre Maximiano, confesor y guía espiritual de Teresa, también era animado por este mismo Espíritu. Él también comprendía la necesidad de una nueva fundación donde se armonizase vida contemplativa y vida activa en el marco de una fuerte vida comunitaria. El 28 de Noviembre de 1878 Teresa deja el convento de Baeza para vivir por un tiempo en el convento de Santa Inés (Clarisas) en Granada. Así se acercará a Maximiano para ir concretando el proyecto común. El 12 de Octubre de 1880, entre no pocas dificultades, entraban las primeras hermanas y se fundaba la nueva congregación de Hermanas de la Presentación de la Virgen María.

Su vida es una constante experiencia Pascual “muerte y vida en el Amor”. La ausencia y la presencia, la noche y la luz, son vertientes de una misma realidad que desde dentro la están transformando. Nada es casual, la Madre Teresa de la Asunción muere un Viernes Santo 29 de Marzo de 1907. Las campanas, mudas aquel día, no pueden anunciar su muerte. Lo hicieron al día siguiente, pero ya repicando el Gloria. Teresa había resucitado con Cristo.



hna. Belén Romero pvm
blenrs@hotmail.com

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