Disculpe: Como lo quiere... ¿para tomar o para llevar?

Esa es la pregunta que nos hacen cada vez que realizamos un pedido de comida rápida fuera de casa e incluso ya en algunos establecimientos hay máquinas donde hacer tu pedido y es la que te lo pregunta. Una máquina que sin tener que mantener una conversación con un interlocutor al cual miras a la cara le indicas qué quieres o qué necesitas.
Vivimos en una sociedad, donde el pido y recibo es al instante, donde la palabra “me apetece” tiene significado durante un periodo corto de tiempo mientras estás sintiendo algo y después pierde su significado hasta los 5 minutos siguientes, que me apetece de nuevo algo y también pasará rápido y así una vez tras otra.

Pero llega un momento en que descubres que hay un pedido que no te apetece tomar al instante, sino que prefieres llevártelo para gustarlo y saborearlo durante el tiempo que quieras y necesites sin prisas. Y ese pedido quizás sea el pedido de tu vida, el pedido que hace que cambien tus planes y ya no necesites ser un consumidor de experiencias que tomas al instante y que después desechas. Sino que vives una experiencia que te la llevas y que se convierte en el hilo conductor de tu propia historia.
Muy posiblemente en este caso sea Dios, Él quien hace el pedido de tu menú.
¿Te has preguntado alguna vez cómo es el pedido que hace Dios sobre tu vida? ¿Es acaso un pedido que tomas al instante y después no sabes gustar? o al contrario ¿es un pedido para llevar y que lo haces vida en tu día a día?


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