Evangelio del Domingo 4º de Cuaresma - Ciclo A

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Reflexión: El texto del evangelio nos presenta a un personaje quizás demasiado conocido para nosotros, el ciego de nacimiento.  Este joven y su discapacidad son símbolo de aquellas atrofias e incapacidades que a veces podemos tener para reconocer la llamada del Señor a algo más grande, a una vida más plena, más nuestra, más de Dios.
La ceguera nos impide ver, nos priva de la realidad de la luz, del color.  En el proceso de búsqueda de nuestra vocación puede sucedernos algo semejante, pues no sabemos por dónde tenemos que avanzar, por dónde tenemos que caminar, hacia dónde dirigirnos… necesitamos LUZ.
Jesús se presenta entonces frente a nosotros, Él es la LUZ.  Es Él quien nos ha visto primero y acude a nuestro encuentro.  Necesitamos que sea Él quien nos devuelva la visión, ilumine nuestra mirada para ver más allá de lo que somos capaces, de creer que estamos llamados también a ser luz e iluminar a otros.
Nuestro mundo, nuestra sociedad está necesitada de jóvenes que, iluminados por la claridad del Señor, irradien luz, y transmitan a Aquel que es la LUZ. Sólo hace falta creer. Como el ciego… y si lo crees, sucederá.
Pidamos al Señor que sane nuestra ceguera y creamos en Él, para poder responder con alegría a nuestra vocación: “CREO, SEÑOR”.


Hna.Mª Dolores Morillas Fernández.
hna.mdolores.lapresen@gmail.com

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