Con las maletas de vuelta... volvemos al tiempo de la siembra.

El verano fue tiempo de entregar al Dios de nuestras vidas todos nuestros esfuerzos, todo nuestro tiempo, todas nuestras jornadas, todos nuestros descansos.
No fue cuestión de ir haciendo recuento de cuanto habíamos sembrado y si habíamos recogido algo, mas bien fue de entregar y renovar la respuesta en comunidad.

Ahora volvemos como el sembrador para esparcir nuestra semilla y decir cada día. "No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria"





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