MORIR PARA VIVIR

V DOMINGO DE CUARESMA CICLO B

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El misterio de la vida es una continua transformación, un constante cambio.  Desde la evolución que se produce en nuestra propia existencia en el momento de ser concebidos, hasta el proceso que sigue toda semilla para germinar y convertirse en nuevo fruto.

La enseñanza de Jesús, sencilla y profunda, para ser comprendida por todos, nos muestra que, si no hay una “muerte”, no se realizará la “nueva vida”.

Seguir a Jesús conlleva morir a muchas cosas que gestará cambios, transformaciones, evolución en nuestro ser.  Es la conversión a la que se nos invita en este tiempo de Cuaresma, para que al igual que Él, lleguemos a “morir para vivir”.

¿Has pensado a qué debes morir, para al fin vivir?

Te invito a leer este poema del sacerdote José Luis Martín Descalzo:

“Soñé, a lo largo de mi vida, muchas cosas. Ahora sé que sólo salvaré mi existencia amando; que los únicos trozos de mi alma que habrán estado verdaderamente vivos serán aquellos que invertí en querer y ayudar a alguien. ¡Y he tardado cincuenta años en descubrirlo!”.

«Y entonces vio la luz. La luz que entraba
por todas las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.

Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.

Acabar de llorar y hacer preguntas;
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;
tener la paz, la luz, la casa juntas
y hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura».


Hna.Mª Dolores Morillas Fernández.
hna.mdolores.lapresen@gmail.com

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